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Actualidad

01 Septiembre 2026

Vicente Luis Suárez


Vicente Luis Suárez Ha muerto a los 67 años el que fuera «alma mater» de Bobcat en España.

El pasado 1 de agosto murió en Calafell (Tarragona), Vicente Luis Suárez Suárez, quien fuera durante casi treinta años el «alma mater» de Bobcat en España, un pionero de la comercialización de maquinaria, el forjador de la red de distribuidores y el gran arquitecto de la expansión de las minicargadoras y las miniexcavadoras en nuestro país, que llevó al liderazgo del sector a la marca del gato montés. Tras dejar Bobcat a finales de 2009, emprendió otras iniciativas profesionales y después pasó a ser el responsable para Europa de una firma americana líder mundial en fabricación de gomas especiales con patente propia, WCCO Belting, adquirida por Continental. Se jubiló hace un par de años, estando ya enfermo de cáncer de colon. Vicente era un hombre carismático cuya filosofía de vida arracimaba en su entorno a los mejores; era un ejecutivo de raza que iba siempre más allá de la cuota de mercado, de los beneficios empresariales y de la superación de la competencia. Esta es una breve historia de su trayectoria humana y profesional.

Primitivo Fajardo

Me enteré de la muerte de Vicente Luis Suárez por un correo que recibí el 3 de agosto de José Ramón Arbiol, distribuidor de Bobcat y director general de la firma JRA Maquinaria, de Zaragoza. Su mensaje, lacónico y sentido, decía: “Quería informaros del fallecimiento de Vicente Luis Suárez Suárez, director comercial, compañero y amigo, quien fue artífice del desarrollo de las minicargadoras en España y responsable de la marca Bobcat durante muchos años. Trabajador incansable, creó una gran red de importadores directos para España que desde 1986 contribuyeron con él a engrandecer dicha marca. Me gustaría mucho ver una nota en vuestra revista”.

Arbiol es uno de los más veteranos distribuidores de Bobcat, pues lleva con la marca desde 1987, pronto hará cuarenta años, primero con otra firma y desde el año 2000 con JRA. El más antiguo distribuidor de Bobcat en España y el que abrió el melón de la venta de las minicargadoras es Marcos Marín Martínez, de Murcia, con su empresa Maquinaria Marcos Marín, que comenzó a comercializar Bobcat en 1974, pues era el representante de la marca norteamericana Michigan, que pertenecía a Clark Equipment, el fabricante de Bobcat.

Le pregunté a Arbiol por su relación con Vicente Luis Suárez: “Un profesional ejemplar y una persona de las que dejan huella. Durante muchos años representó con pasión y cercanía los valores de la compañía Bobcat. También desempeñó responsabilidades comerciales en Ingersoll Rand, consolidando una trayectoria ligada al sector de la maquinaria pesada y al trato directo con clientes de toda España. Quienes trabajamos con él recordamos su profesionalidad, su palabra firme y su capacidad para crear relaciones que iban mucho más allá de lo comercial. Empujados por él, los distribuidores salimos como un tiro a desa - rrollar el concepto de minicargadora, haciendo que Bobcat fuera líder en poco tiempo. Enseguida hicimos con él lo mismo con las miniexcavadoras. Vicente Luis era de los que atendía el teléfono, se presentaba en la obra y se preocupaba por las personas antes que por los números. Ha sido un “pura raza” de los district manager (jefe de ventas de zona) de los años 1985 a 2010, que con todo corazón dieron a su marca su vida para hacerla grande. Era un buen amigo, de los de antes: leal, escandaloso y con una conversación amena. Su recuerdo sigue vivo. Desde aquí nuestro más sentido pésame a su familia, amigos y a todos los que compartieron con él años de trabajo y de vida. Descanse en paz”.

También pregunté a Eva Carrillo, que desde hace una eternidad es la responsable de márketing de Bobcat en España y estaba afectaba porque Vicente era un buen amigo: “Lo que más me sorprendía de él era el entusiasmo que le ponía a todo, que lo transmitía y contagiaba. Estuve en su casa en Calafell hace un par de años, donde tenía su oficina, y ya estaba luchando con su enfermedad, pero con ese humor suyo tan característico. No lo perdió ni en el hospital, cuando lo del covid, que estuvo entubado más de treinta días y sobrevivió”.

Eva me recordó anécdotas de Vicente y la época en que le dio por montar un club de Harley Davidson con algunos distribuidores y empleados de Bobcat: “Hacían rutas gastronómicas de varios días y se lo pasaban de miedo”. Al respecto, una vez, hablando con él de motocicletas, reconociendo mi admiración por la marca americana y la superioridad de las Harleys, le confesé que tenía una BMW. Vicente me miró con cara de asco, se recostó en su sillón, esbozó su sonrisa de pícaro y comenzó a hacer aspavientos simulando que le daban arcadas.

Cuando cumplimos 10 años en la revista Equipos & Obras (en 2006), madre de OP MACHINERY, hice una encuesta al sector sobre la situación actual y futura, y la última pregunta era sobre la revista.

La respuesta que me envió Vicente Luis Suárez, genio, figura y retranca, fue tomarme el pelo de forma irónica:

—Muy poca gente del sector apostaba hace una década por una nueva revista especializada. Francamente, yo estoy encantado del éxito de esta publicación. Es amena, informativa, plural (salvo en lo que concierne a las opiniones personales de su director...), y tiene un formato muy moderno con un “layout” muy atractivo. Fuera de España, en nuestra sede en Bruselas, se espera el siguiente número mensual con impaciencia... Hay un montón de personas que me piden si por casualidad no traigo conmigo el último número. Me parece una cosa increíble para una revista profesional del sector. ¡Vamos... ni que fuera el Vogue!

Un entusiasmo contagioso
Vicente Luis Suárez Suárez nació en Oviedo en 1959 y se crió en Bruselas. Era graduado en Economía, hablaba español, inglés, francés y catalán, estaba casado con Raquel Conde y tenía dos hijos, Olivier y Alexandre Suárez Conde. Se formó en el grado de Mecánica en el Institut Technique de La Salle, en Molenbeek (Bélgica), y estudió Ciencias Económicas en la Universidad Católica de Louvain Saint Louis, de Bruselas. En febrero de 1980 entró a trabajar en la firma Melroe Europe, y desde el 83 al 85 fue coordinador del servicio de estudios.

A FINALES DE 2009 ABANDONÓ BOBCAT, EN LA QUE LLEGÓ A TENER EL CONTROL DE 50 DISTRIBUIDORES EN ESPAÑA, PORTUGAL Y FRANCIA, Y A MANEJAR UNA FACTURACIÓN DE 100 MILLONES DE EUROS ANUALES.

Desde enero de 1986 hasta diciembre del 87 fue el encargado de buscar distribuidores para formar la red de ventas de Bobcat en España. Para ello, se recorrió la geografía de la vieja piel de toro pueblo a pueblo y taller a taller, abriendo mercado, tejiendo complicidades, levantando confianzas y convirtiendo la profesionalidad en una forma de amistad.

Buscó formar una red sólida con excelentes profesionales que además de vender maquinaria fueran competentes, cercanos y buena gente. Los distribuidores comenzaron a operar enseguida gracias a que les contagió con su pasión, su vocación y su maestría. Vicente era un líder indiscutible, un mago en el trato directo que dio literalmente la vida por la marca a la que representaba. Quienes tuvieron la suerte de trabajar a su lado codo con codo recuerdan su entereza, su entusiasmo incansable y esa capacidad única para hacer que los retos más complejos parecieran sencillos.

A MEDIADOS DE LOS 80, VICENTE LUIS SUÁREZ BUSCÓ FORMAR UNA RED SÓLIDA CON EXCELENTES PROFESIONALES QUE ADEMÁS DE VENDER MAQUINARIA FUERAN COMPETENTES, CERCANOS Y BUENA GENTE.

Tres décadas con Bobcat
En octubre del 87, cuando la red estaba casi completa y funcionando, Vicente organizó el primer Road Show que Bobcat llevó a cabo en España. En dos años había conseguido implantar las “minis” en el mercado y que la marca Bobcat se convirtiera en el término genérico para nombrar a la cargadora compacta. Este es sin duda el hito más importante de su trayectoria profesional.

Entre 1988 y 1995 fue jefe de ventas de Iberia, y cuando ese año la compañía Melroe fue absorbida por Ingersoll Rand, ascendió a director regional, cargo que cobró mayor relevancia en octubre de 1999, al cambiar Melroe Europe su razón social a Bobcat Company (perteneciente a IR). A su vez, cuando Doosan Infracore compró Bobcat a IR en 2007, Vicente pasó a ser director de cuentas VIP y del sector del alquiler (entre febrero y septiembre de 2008), y director de operaciones de Doosan International Construction Equipment España (de octubre de 2008 a septiembre de 2009), siempre con la filial Bobcat bajo su control y responsabilidad.

Precisamente, en octubre de 2008, Bobcat celebró una junta anual de sus distribuidores de España y Portugal. Fue una reunión de especial carácter porque en ella se celebraron los 20 años de la creación de la propia red de distribución y el 50° aniversario del nacimiento de la primera minicargadora Bobcat (1958). El conmemorativo encuentro se celebró en el antiguo Palacio del Marqués de Santillana, un lugar ideal en plena sierra de Guadarrama, y contó con un selecto grupo de directivos y jefes de producto de la central de Bobcat en Waterloo (Bélgica). Sirvió el acto para hacer repaso y rememorar la historia iniciada por Vicente Luis Suárez, la persona bajo cuyos designios recayó el esfuerzo de estructurar y dimensionar la red, una labor que no fue fácil, pero que, a la vista de los resultados y con la perspectiva del tiempo, bien pudo decirse entonces, igual que podemos decirlo hoy, que los objetivos se cumplieron y la red se estableció sobre unos firmes parámetros de rigor y profesionalidad.

Sólo así se entiende que al cabo de cuarenta años sigan los primeros distribuidores perteneciendo a la familia Bobcat y trabajando como el primer día. Es un gran triunfo de Vicente Luis Suárez.

VICENTE LUIS SUÁREZ AFRONTÓ LA ENFERMEDAD CON LA MISMA ENTEREZA Y CAPACIDAD DE RESISTENCIA CON LA QUE VIVIÓ SIEMPRE, AGUANTANDO CON VALENTÍA HASTA SUS ÚLTIMOS DÍAS.

Su última etapa
En diciembre de 2009, Vicente abandonó la compañía en la que llegó a tener el control de 50 distribuidores independientes en España, Portugal y Francia, y a manejar una facturación de 100 millones de euros anuales. En 2010, fundó la empresa familiar CSI (Conde Suárez Inversores), dedicada a los servicios de cáterin. En marzo de 2013, y durante año y medio, fue consultor de formación en la Doosan Academy, en la nueva central de Doosan Bobcat en Dobris (República Checa), y a partir de septiembre de 2014, CSI Management se convirtió en una consultoría propia independiente especializada en asesoramiento y formación sobre el mercado de la maquinaria en la región EMEA. En mayo de 2017, desde su sede en Calafell, se incorporó como director de grandes cuentas a la compañía norteamericana WCCO Belting, con sede en Fargo (Dakota del Norte, EE.UU., la cuna de Bobcat), perteneciente a la firma de neumáticos Continental, en la que estuvo activo hasta julio de 2025. Aunque llevaba ya un tiempo enfermo, cuando se jubiló, aún con la salud debilitada, pasó a formar parte de los veteranos de la Asociación del Bajo Penedés, en la sede de Calafell.

Vicente afrontó la enfermedad con la misma entereza y capacidad de resistencia con la que vivió siempre, aguantando con valentía hasta sus últimos días. Era una de esas personas cuya huella no la borra el tiempo ni la erosiona el olvido. Con su partida se apaga una forma de entender el trabajo y la vida que ya casi no existe: la de la entrega con el corazón, la de cumplir con la palabra dada, la de la amistad sin fisuras. Sus amigos, sus compañeros de batallas comerciales, quienes compartimos una parte del peregrinaje laboral con él y toda la industria a la que sirvió, perdemos a un referente cuyas huellas han quedado grabadas en los cimientos de lo que construyó y en la memoria agradecida del sector.

Desde estas páginas, enviamos nuestro más sentido pésame a su familia, a sus seres queridos y a cuantos tuvieron la suerte de cruzarse en su camino.


HURACÁN BOBCAT

La noticia de la muerte de Vicente Luis Suárez me cayó como una pedrada en la sien. Lo sentí profundamente porque admiraba a Vicente casi desde que le conocí, al poco de incorporarme a este sector en 1993. Cuando lanzamos la revista Equipos & Obras cuatro años después, en Vicente encontré un crítico feroz e implacable que me aplastaba con su elocuencia, sus teorías descabelladas y sus rarezas. Era el máximo responsable de Bobcat en España y un hombre de gesto vivo, mirada inteligente y una energía desbordada. Yo le tenía un gran respeto y al principio me daba apuro hablar con él porque era una aventura que nunca sabías cómo podía acabar.

En una presentación de Bobcat arremetió contra la poca profundidad con la que tratábamos los temas las revistas técnicas del sector, criticando la ausencia de cuestiones “filosóficas”, mal que aquejaba a las publicaciones dentro y fuera de España. —¿Sois conscientes –me preguntó– de lo que hacemos en nuestro trabajo y de lo que hay detrás de todo lo que fabricamos?

Una labor trascendental
La cuestión, teniendo en cuenta el especial carácter de quien la formulaba, parecía más bien una trampa para osos.

—¿Se refiere Vd. –dije yo, tímidamente– a la responsabilidad que asumimos ante la historia por nuestros propios actos?

—Me refiero a si somos conscientes de que nuestro trabajo, el que está detrás de construir máquinas para las obras, al final va a beneficiar a otras gentes, en otros continentes, y va a mejorar su forma de vida. ¡Piénsalo! Te reto a que escribas algo sobre el tema.

Los periodistas nos parecernos bastante a los donjuanes de antaño, siempre recogiendo guantes que los demás nos tiran a la cara como desafío. Y también nos asimilamos a las hermanitas de la caridad, defendemos tantas causas perdidas y batallamos con medios tan pobres que más que cobrar un modesto sueldo mensual por nuestros folios, deberíamos recibir una indemnización millonaria por haberlos escrito.

—Pensar que la labor que realizamos es transcendental también para otras personas es siempre inspirador –dijo Vicente–. Si no... ¿para qué sirve nuestro esfuerzo?

Acepté el reto y me puse a ello. De la reflexión surge la luz. Y de la luz la vida. Y entonces me di cuenta de que este directivo, conocido entre los colegas de la prensa por ser el más distante y esquivo de cuantos visitábamos a lo largo y ancho de las ferias de este mundo –llegó a confesarme un día que no le gustaba un pelo que le molestáramos en las ferias y por eso se mostraba hostil–, este hombre al que gustaba llamar la atención con su elevada voz, su socarronería y sus aplastantes razonamientos, ocultaba tras su enorme y bien cuidado mostacho, sureño y decimonónico, negro y enhiesto como el de un káiser, una especial sensibilidad, y su pose forzada era sólo la caja torácica que protegía un corazón en el que anidaban, cuando menos, los sentimientos más fraternales.

Comprendí que sus constantes salidas de tiesto obedecían a su naturaleza didáctica, a su pasión por estimular el intelecto ajeno, a su afán de perfección. Era un hombre polémico acostumbrado a decir lo que pensaba, y con su ingenio y su humor conseguía darle la vuelta a tus argumentos y sacarte de tu zona de confort –eso tan de moda hoy día–. Vicente era un líder nato, poderoso y bonancible, amante de suscitar polémicas a las que aportar interesantes y profundos razonamientos, propios de quien busca siempre algo más que lo superficial en los temas y en las relaciones. Huía de lo políticamente correcto y siempre estaba dispuesto a ayudar a quien hiciera falta, incluso fustigándole a cambio con sus teorías carpetovetónicas.

Amigos para siempre
Un día me lancé a sus brazos, después de que él se rindiera a mis pies. Lo digo literalmente. Ocurrió en una fiesta de Ingersol Rand en la feria Conexpo de Las Vegas, con todo el mundo pendiente de la rueda de prensa de Bobcat. Entré furtivamente en la sala, Vicente me vio cuando iba a sentarme detrás y se dirigió hacia mí con una sonrisa que le desplazó los bigotes hasta las orejas. Le alargué la mano para saludarle y sin mediar palabra se clavó de hinojos en la moqueta, extendió los brazos en cruz y comenzó a lanzar jaculatorias ante todo el mundo, alabando mi condición de “amo de las letras” (incluidas las de pago) y no sé cuantas cosas más porque se me acartonaron los pabellones auriculares y me quedé peripatético, cariacontecido y como estatua de sal. Vicente era de esos tipos entrañables que llenan una habitación inmensa con su sola presencia.

Hace unos años me contó, con esa gracia innata que tenía, que estaba harto de un vendedor que cada dos por tres llamaba al telefonillo de su casa en Calafell (no recuerdo ahora la naturaleza del producto ambulante que quería colocarle). Para quitárselo de encima decidió darle un escarmiento y un día le franqueó la puerta y le dijo que pasara. El vendedor se quedó petrificado porque Vicente le recibió con un tricornio en la cabeza, pistola en mano –la viva imagen de Tejero–... y en pelotas. Me dijo que el pobre vendedor no volvió a llamar al telefonillo nunca más.

Vicente era muy intenso. Yo le llamaba “Huracán Bobcat”, pero aparte de su personalidad arrolladora, era un druida medieval: lo sabía todo de las empresas, de las máquinas, del sector y de la vida, y además lo sabía comunicar. Yo aprendí mucho de él y con él, y he sentido enormemente su temprana e injusta muerte.

Desde estas páginas, le digo adiós con el corazón arrugado y una lágrima desconsolada en el pómulo. Descanse en paz mi buen amigo Vicente Luis.

P.F.