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El hotel Flamingo y el mafioso Bugsy Siegel
La época dorada de Las Vegas.
Las Vegas fue bautizada con ese nombre en 1829 por los mexicanos Antonio Armijo y Rafael Rivera, que descubrieron este oasis mientras abrían una ruta comercial desde Nuevo México hacia California. Lo llamaron así por los pastizales naturales que encontraron allí, en medio del desierto. En 1864, el Ejército levantó el fuerte Baker para proteger de los indios a los primeros pobladores mormones y fue fundada la ciudad en 1905 con la llegada del ferrocarril de la Union Pacific desde Salt Lake City. Desde los años 30 del siglo pasado debe su fama a una casta de hampones encabezada por el amigo y protector de Frank Sinatra, el mafioso Benjamin “Bugsy” Siegel, un esforzado trabajador del sindicato del crimen que había iniciado su precoz carrera a los doce años extorsionando a los vendedores ambulantes judíos de su barrio neoyorquino y decidió ampliar el negocio a la costa Oeste huyendo de la presión policial.
Como el juego se había legalizado en Las Vegas en 1931, entre otras cosas para entretener y sacarles el jornal a los miles de trabajadores que construían muy cerca, en el río Colorado, la presa Hoover, Bugsy, en 1946 y gracias a Lucky Luciano y su emporio mafioso de la Cosa Nostra, traspasó a Nevada su brillante historial de ladrón de coches, contrabandista de alcohol, traficante de drogas y asesino a sueldo, convirtiendo Las Vegas en una sucursal aventaja de las centrales del crimen industrializado, al estilo del Nueva York de Vincent Mangano y del Chicago de Al Capone, una auténtica ciudad sin ley en la que sembró el desierto de cadáveres y fundó el primer hotel-casino de gran lujo de la ciudad, el Flamingo, que se levantó al tiempo que el Golden Nugget y el Golden Gate en aquellos gloriosos años de plomo. Lo más parecido a la entretenida lectura de El Padrino.
«BUGSY» INICIÓ SU CARRERA A LOS DOCE AÑOS EXTORSIONANDO A LOS VENDEDORES AMBULANTES JUDÍOS DE SU BARRIO NEOYORQUINO.
Esta tradición criminal hizo que en 2012 las autoridades abrieran al público el Mob Museum, el Museo Nacional del Crimen Organizado, en el downtowm, la parte vieja de la ciudad, donde se puede admirar el Muro de la Matanza de San Valentín, la pared donde los hombres de Al Capone acribillaron a sus rivales en Chicago en 1929, una silla de la cámara de gas y objetos personales como armas, joyas y cartas de gánsteres legendarios como Capone, Bugsy y Lucky Luciano.
Un hotel de 77 habitaciones
Para construir el hotel Flamingo, que contaba con 77 habitaciones (hoy tiene 3626), Siegel le pidió prestado un millón de dólares a Luciano. Pero levantar un bloque de color rosa en medio del desierto trayendo los mejores materiales desde grandes distancias hizo que se dispararan los costes y para tapar el agujero recurrió el mafioso a lo que llevaba en la sangre: la estafa. Vendió un 400 por cien de las acciones del hotel y no consiguió rentabilizar con el juego el negocio. Encima, su amante, Virginia Hill, con cuyo íntimo apodo se bautizó el hotel, había desviado importantes partidas del presupuesto a su cartilla de ahorros particular.
Bugsy, consciente del riesgo de su profesión, construyó en el hotel la Bugsy suite, o suite presidencial, con cristales blindados y cinco salidas posibles para escapar, incluida una escalera oculta en un armario del vestíbulo que conducía a un túnel del sótano donde siempre tenía aparcado un coche con chófer para emprender la huida en caso de necesidad. Sin embargo, de nada le valió el celo por su seguridad porque las turbias cuentas del hotel firmaron su sentencia de muerte. Un año más tarde, en junio de 1947, en la lujosa mansión de su novia en Beverly Hills, a trescientas millas de su suite acorazada de Las Vegas, caía bajo el fuego cruzado de dos ametralladoras Thompson de sicarios de Luciano.
Llegan los famosos a LV
Muerto el gran padrino local, se cumplieron sus predicciones de progreso y la ciudad, a rebufo del éxito de Hollywood tras la II Guerra Mundial, fue creciendo en fama por sus casinos, los extravagantes espectáculos con famosos, los cómicos de medio pelo, la prostitución salvaje y las hermosas bailarinas en top-less. A rebufo del Flamingo y auspiciados por la mafia, surgieron pronto otros casinos esplendorosos y horteras, casi todos ya desaparecidos, y el desierto se convirtió en un vergel, antesala para muchos del paraíso y, para unos cuantos, del infierno. El siguiente benefactor que tuvo esta urbe querida por los profesionales del juego, metidos ya en los años 60, cuando su reputación comenzó a mejorar, fue el aviador Howard Hughes, quien financió el paso por Las Vegas de artistas tan famosos como Peter Lawford, Sammy Davis Jr., Dean Martin, Tom Jones y La Voz, Frank Sinatra, amigo de Bugsy Siegel. En el 69 llegó el gran Elvis Presley al hotel International (luego, Hilton), que se acababa de inaugurar y era el más grande del mundo. Se puso a bailar y a pleno pulmón gritó “¡Viva Las Vegas!”, y con ello consagró la música y el espectáculo en esta ciudad convertida hoy en el destino soñado de cualquier americano.
LA «MECA DEL JUEGO» ATRAJO A SUS CLIENTES OFRECIÉNDOLES BEBIDA GRATIS, ESPECTÁCULOS CASPOSOS, CHICAS GUAPAS Y DINERO FÁCIL.
Aunque lejos queda ya su pretérito esplendor, mucho de todo esto se respira aún en el hotel Flamingo, icono hortera de los gánsteres aficionados a las apuestas, el alcohol y las mujeres. Es el casino pionero que otorgó a Las Vegas su consideración de meca del juego y marcó el estilo que imperaría en el futuro, basado en atraer clientes ofreciéndoles buena comida, bebida gratis, espectáculos casposos, chicas guapas, bodas rápidas, música y la posibilidad de ganar dinero fácil apostando legalmente, factores clave que dieron lugar al mito y a su fabuloso éxito.
Por ello, el Flamingo dedica su bar, el cabaret y otros rincones, además de un mausoleo en el jardín de los flamencos, a la memoria y la gloria de su fundador.










