Actualidad
Multitudinario adiós a Marcel Braud
El fundador y presidente honorífico del grupo francés Manitou fallece a los 93 años.
El pasado martes 3 de febrero de 2026 falleció Marcel Braud, presidente de honor y fundador del Grupo Manitou, a la edad de 93 años. Fue un pionero cuya pasión por la innovación y la industria transformó en poco tiempo una modesta empresa familiar en un referente mundial en la manipulación de materiales, aportando todo tipo de equipos, desde carretillas y manipuladoras a plataformas de trabajo aéreo y equipos de movimiento de tierras. Su vida es la historia de un destino ligado a la tierra que tanto amó y a su ingenio natural. Huérfano de padre a los 12 años, se incorporó a la empresa familiar junto a su madre, Andrée Braud, tras la II Guerra Mundial. Desempeñó todos los trabajos y dominó cada puesto de producción, hasta que en 1958 inventó la carretilla elevadora todoterreno y creó Manitou, transformando la construcción, la agricultura y el mercado industrial para siempre. Marcel Braud ocupó diversos cargos: jefe de taller, director de compras y presidente y CEO, en 1970, y posteriormente presidente del Consejo de Administración, de 2007 a 2017. Bajo su liderazgo, el grupo se expandió por todo el mundo, salió a bolsa y construyó una robusta red de concesionarios que, ahora más fuertes que nunca, representan la fuerza central de la empresa. Hasta su último aliento, encarnó la pasión, el ingenio y la resiliencia que definen el alma de Manitou.
Primitivo Fajardo
A un hombre bueno, sabio y francés se le paró la cuerda del corazón el pasado 3 de febrero, en Ancenis, su pueblo natal y sede del Grupo Manitou, del que era fundador y presidente de honor. Y a mí, que le admiraba profundamente, al enterarme de la noticia al día siguiente, se me cortó la respiración, invadiéndome la más fecunda tristeza. Marcel Braud se ha ido a los 93 años, que no es mala edad para morirse después de haber vivido con la intensidad y el amor a la vida con los que él transitó por este valle de lágrimas.
Marcel nació el 25 de julio de 1932, estaba casado con Lilianne y tenían varios nietos y bisnietos y tres hijos: Sébastien Braud, Emilie Braud y Marcel-Claude Braud (también fue presidente de Manitou unos años), miembros del Consejo de Administración del Grupo Manitou. Desde sus raíces humildes, Marcel Claude fue un visionario, un pionero, un emprendedor, un hombre valiente que se hizo a sí mismo y se convirtió en un empresario de rompe y rasga.
Su historia profesional comenzó a la edad de 12 años con la trágica muerte de su padre, Marcel Braud, el 5 de agosto de 1944, en la II Guerra Mundial. Era el último día de la liberación de la pequeña localidad francesa de Ancenis por los americanos, durante el avance aliado tras el desembarco de Normandía. Era un momento de extrema tensión y en su retirada, los soldados alemanes, cargados de rabia ante la inminente derrota, disparaban ante cualquier movimiento que resultara sospechoso o de resistencia.
Las represalias durante el repliegue de las tropas se cebaron en Marcel cuando le alcanzó una ráfaga de ametralladora cerca de su taller, muriendo en el acto. La noticia fue un golpe devastador para la comunidad de Ancenis, donde la familia era muy conocida por su taller de maquinaria agrícola, negocio familiar iniciado en 1898 por su padre, Alexandre Braud –abuelo del ahora fallecido Marcel Braud–, que fue un apasionado de la construcción y la mecánica.
El resurgimiento en Ancenis
El nombre de Marcel Braud aparece inscrito en el Monumento a los Caídos de Ancenis, junto a otros ciudadanos que perdieron la vida durante la ocupación y los combates de liberación. Su viuda, Andrée Braud, con sus hijos Marcel y una niña de 13 meses –Jacqueline Himsworth, actual presidenta del Consejo de Administración del Grupo Manitou–, con un extraordinario coraje, decidió continuar la obra que su marido había impulsado pocos años atrás.
Antes de caer abatido por los proyectiles alemanes, Marcel Braud había patentado varios tipos de grúas y prensas de bloques para el sector de la construcción, y Andrée Braud pensó que el mejor homenaje que podía hacerle sería sacar adelante el negocio en el que su marido tanto entusiasmo y esperanzas había puesto. Para iniciar la nueva etapa, en una Francia que intentaba reconstruirse tras el dolor de la guerra, cambió el nombre de la empresa a Braud Mécanique Générale, que en 1952 pasaría a denominarse Braud et Faucheux, dedicada a fabricar equipos para la construcción, como hormigoneras y grúas.
LA HISTORIA PROFESIONAL DE MARCEL BRAUD COMENZÓ A LA EDAD DE 12 AÑOS CON LA TRÁGICA MUERTE POR DISPAROS DE SU PADRE, EL 5 DE AGOSTO DE 1944, EN LA II GUERRA MUNDIAL.
Integró a su hijo en la compañía y el joven Marcel tuvo que madurar rápidamente. Empezó desde abajo, haciendo todo tipo de labores: obrero, pintor, soldador, montador y capataz. El aroma a pintura y el resplandor de la soldadura forjaron su carácter, y cuando dominó todas las funciones de producción, con 26 años, sobre las costuras del viejo negocio familiar e imbuido de ese espíritu de lucha que había observado en sus padres, creó Manitou, en 1958, a raíz de ocurrírsele reformar un tractor para ayudar en las tareas de levantar materiales en la construcción de la nueva Francia.
Hitos de la producción de Manitou
A partir de ese momento, la historia de la manipulación todoterreno en el mundo evolucionó de la mano del fabricante francés Manitou, gracias a la imaginación y el trabajo de Marcel y al tesón y el apoyo incondicional de su madre. Muy pronto se convirtió en la primera empresa metalúrgica de la zona francesa del Loira Atlántico y expandió con rapidez su rango de acción fuera de Francia. En pocos años, Marcel Braud se alió con Toyota, llevó en volandas a la marca al estrellato, la sacó a bolsa y la convirtió en un gigante, en uno de los fabricantes más punteros, famosos e importantes del sector de la elevación en todo el planeta.
Sirva de referencia la progresión de la producción de la compañía y los hitos alcanzados: en 1969, diez años después de su fundación en el 58, la firma francesa había fabricado 10000 unidades; en 1980 llegó a las 50000; en 1992, a las 100000; en 2004 alcanzó el hito de producir su máquina 200000; en 2015, la compañía alcanzó la cifra de 500000 máquinas fabricadas y vendidas en todo el mundo.
Gracias al espíritu emprendedor de Braud, el Grupo Manitou es hoy referencia en los sectores de la manipulación, las plataformas elevadoras y el movimiento de tierras, y diseña, fabrica, distribuye y presta asistencia técnica a equipos de construcción, agricultura e industria en todas partes, habiendo facturado 2600 millones de euros en 2025, dando empleo a 6000 trabajadores y contando con una red de 800 distribuidores y concesionarios, con los que tiene presencia comercial en 140 países. Su catálogo está compuesto por más de 400 modelos, incluyendo los equipos de las marcas Manitou, Mustang y Gehl, y cuenta con una decena de fábricas: 5 en Francia, 2 en Estados Unidos, una en Brasil, una en Italia y otra en India, además de una treintena de filiales y 7 centros logísticos de piezas de repuesto.
LA HISTORIA DE LA MANIPULACIÓN TODOTERRENO EN EL MUNDO EVOLUCIONÓ DE LA MANO DEL FABRICANTE FRANCÉS MANITOU, GRACIAS A LA IMAGINACIÓN Y EL TRABAJO DE MARCEL Y AL TESÓN Y EL APOYO INCONDICIONAL DE SU MADRE.
¿Un dios algonquino?
Para mí, fue una enorme suerte conocer a Marcel Braud hace treinta años y tratarle en infinidad de ocasiones, ya fuera en presentaciones, ferias o fábricas de la empresa. Junto a él me sentía un privilegiado. Primero, por estar compartiendo la respiración con una leyenda viva, con un personaje que en vida ya era historia. Segundo, porque era un maestro y siempre aprendía algo de él. Y tercero, porque su simpatía transmitía serenidad y felicidad, que es lo que él procuraba a su gente y a su entorno. Bajo su sempiterna gorra roja con la marca Manitou, regalaba a los demás una sonrisa abierta y una risa contagiosa. Era un hombre divertido, dicharachero y apasionado, cargado de valores y humanidad, con un mérito inapelable por los logros conseguidos.
Inocente de mí, por querer ser original, al poco de conocerle le pregunté por el curioso nombre de la empresa que él había fundado en 1958 tras concebir la idea de invertir la estructura de un tractor agrícola y añadirle un mástil de elevación y una dirección hidráulica, desarrollando así la carretilla elevadora todoterreno, la primera carretilla de mástil modelo MC5, con una capacidad de carga de 500 kg, cuyo éxito entre los usuarios muy pronto la convirtió en un nombre genérico y fue el germen de las manipuladoras telescópicas Manitou que habrían de llegar después.
Le dije en mi cutre francés, más o menos, que si tenía algo que ver el sustantivo Manitou con el dios algonquino creador de todas las cosas, de culto también entre cheyenes y sioux –es lo que tiene haber visto demasiadas películas del oeste–. Se le escapó una carcajada por la “originalidad” de la pregunta, me miró con ternura y conmiseración y con su ingenio, su amplísima sonrisa y su savoir faire, que sólo eran superados por su sencillez y bonhomía, me dejó chafado:
—No es un dios del viejo oeste, sino la contracción en francés de “manie” (manipular) y “tout” (todo).
—¿Fue ocurrencia suya, monsieur Braud? –pregunté a continuación, una vez recuperado el resuello.
—No, se le ocurrió a mi madre en un cónclave familiar, cuando buscábamos un nombre para la nueva carretilla y de paso para la empresa.
—Pero ¿ustedes eran conscientes de la referencia al dios indio? –insistí.
—Claro, pero el vocablo era llamativo y tenía una ventaja importante de cara a la expansión de la compañía: era fácil de pronunciar en todos los idiomas. Nosotros le dimos una significación muy sencilla: “Quien puede manejarlo todo”.
El manto protector de la memoria
Dentro de un par de años, Manitou celebrará su 70º aniversario, siete décadas de historia de la compañía que inventó la carretilla elevadora, una empresa nacida de la voluntad y el espíritu empresarial de la familia Braud. Por desgracia, el acontecimiento no contará con la presencia física y el ánimo inquebrantable de su fundador, que con sus muchas y extraordinarias innovaciones hizo la vida más fácil a los trabajadores en el tajo y más rentable y eficiente la gestión de los empresarios en los sectores de la construcción, agricultura, industria, minas, petróleo y gas, aeronáutica, medio ambiente, defensa, alquiler, etc.
Se festejará en 2028 una andadura empresarial jalonada de éxitos, de crecimiento, de expansión, de consolidación, de tecnología y de avances importantes para el propio grupo que hoy, con la muerte de Marcel Braud, desde la presidenta hasta el último empleado, pasando por cada uno de sus distribuidores, están más unidos que nunca y dispuestos a plantarle cara a su más que prometedor futuro. Siempre bajo el manto protector de la memoria de su líder y el recuerdo vivo de su presencia constante y ese espíritu inquieto y jovial que Marcel Braud lució siempre, incluso a su avanzada edad, pues seguía recorriendo las fábricas, las ferias y los concesionarios, y saludando a su gente con el orgullo de quien sabe que, por encima de la producción, la tecnología y la facturación, el mayor logro de su espíritu de superación fue la creación de una gran familia unida por un propósito común: Manitou.
MARCEL BRAUD SIEMPRE TENÍA UNA SONRISA ABIERTA Y UNA RISA CONTAGIOSA QUE REGALABA A LA GENTE BAJO SU GORRA DE COLOR ROJO DE MANITOU.
Adiós multitudinario en Ancenis
La magnitud de su legado es inconmensurable, y así lo han reconocido todos los pésames enviados tras su muerte a la compañía y a la familia a través de las redes sociales, sintiendo su fallecimiento, dando el pésame a sus allegados y elogiando su colosal figura. Clientes, distribuidores, proveedores e incluso las empresas de su más directa competencia se han solidarizado con el dolor por su pérdida enviando mensajes de apoyo y destacando sus cualidades como empresario, compañero y caballero.
La comunidad de Ancenis-Saint-Géréon hizo lo propio para despedir como se merece al que considera un hombre excepcional y una figura clave en el desa rrollo económico de la región francesa en la que se asienta la compañía Manitou. Lo hicieron en una ceremonia religiosa multitudinaria celebrada el martes 10 de febrero de 2026, a las 15 horas, en la iglesia de Saint-Pierre d’Ancenis, seguida de su inhumación en el cementerio de Ancenis, con la asistencia de más de 2000 personas, entre empleados –activos y jubilados–, distribuidores, subcontratistas, vecinos y políticos regionales y locales, además de la familia. Incluso los sindicalistas franceses elogiaron su carisma y su capacidad de diálogo.
Todas las fábricas del grupo Manitou en la región cerraron durante las exequias, lo que demuestra el impacto social de Marcel Braud en la zona, pues prácticamente toda la actividad económica local se detuvo para despedirle. Estaba previsto que el aforo de la iglesia –limitado a 700 personas– se viera superado y hubo que habilitar dos pantallas gigantes en la plaza de Saint-Pierre para que las otras 1300, que aguardaron en el exterior bajo la lluvia y los paraguas para darle su último adiós, pudieran seguir la ceremonia religiosa. Los altavoces para el sonido de las pantallas se instalaron en sendas telescópicas Manitou.
En sus palabras de despedida, el alcalde de Ancenis, Rémy Orhon, respaldado por toda la corporación municipal, recordó que “gracias al ingenio de Marcel Braud quedó marcada la historia de nuestro pueblo y la del país de Ancenis”. En España, tanto la filial como los distribuidores guardaron un minuto de silencio en su memoria y el director general para España y Portugal, João Hébil, recibió de Feria de Zaragoza, en nombre de las ferias Smopyc y Fima, que se celebraba del 10 al 14, una placa dedicada al recuerdo de Marcel Braud: “Por su pasión por la innovación y su aportación al sector”.
Un hombre nimbado de santidad
Y es que Marcel Braud era una persona encantadora, muy querido en todas partes, uno de esos hombres sencillos, carismáticos y tiernos nimbados de santidad que uno tiene la suerte de encontrarse a veces por la vida. Era Caballero de la Legión de Honor y desprendía un aura de energía que, de no haber visto claramente su textura de carne y hueso, hubiera pensado que una pétrea y simpar figura se había descolgado de su hornacina en la catedral de Notre Dame y deambulaba haciendo el bien por el mundo adelante.
En el momento de su adiós, cuando ha conseguido encerrar la eternidad y el infinito en la palma de su mano, se extenderán sus raíces por debajo de la tierra, como antes lo hicieran sobre nuestros corazones. Sic tibi terra levis, que la tierra te sea leve, mi admirado Marcel Braud.







