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El Berliet T100 fue fabricado a finales de los años cincuenta para trabajar en las dunas del Sahara.

Berliet El centauro del desierto.

A mediados de los años 50 del pasado siglo, en pleno apogeo de la explotación de los yacimientos de petróleo en el desierto del Sahara, cuyas instalaciones se ubicaban en las zonas pertenecientes a la Argelia francesa, en el norte de África, el mayor problema para las compañías petroleras era el transporte a través de las dunas del pesado material y la maquinaria que necesitaban las explotaciones, dado que no existían camiones capaces de realizar con solvencia ese tipo de trabajos. Consciente del problema, la marca francesa Berliet se involucró en 1956 en el desarrollo del mayor camión conocido hasta ese momento, el Berliet T100, propuesto por el presidente de la compañía Paul Berliet, hijo del fundador Marius Berliet. Debía contar la máquina con una óptima movilidad sobre una superficie prácticamente intransitable como eran las dunas y pensó que la solución pasaba por fabricar un vehículo de transporte de grandes dimensiones, el mayor camión del mundo, capaz de trabajar también en el sector minero. Dicho y hecho, la construcción de la primera unidad se inició en enero de 1957 y finalizó en octubre del mismo año. Esta es su historia.

Primitivo Fajardo

La última vez que se vio al Berliet T100 fue el año pasado, en dos ocasiones: una, en la feria francesa Rétromobile 2019, celebrada del 6 al 10 de febrero en el recinto de Puerta de Versalles, en París. En esta 44ª edición del salón más grande del automóvil de colección de Francia, que reunió en sus 72000 m² a 650 expositores y 600 vehículos antiguos, estuvo en exposición el T100, con la clásica denominación 700 Ch en la calandra, para admiración de sus miles de visitantes. La otra aparición del Berliet T100, conocido como el “Gigante de las arenas”, fue en septiembre de 2019 cuando Renault Trucks abrió sus puertas con motivo de las Jornadas Europeas del Patrimonio, donde expuso el impresionante T100, el mayor camión del mundo en su momento, insignia de la industria francesa. Los visitantes pudieron admirar en la planta del constructor en Saint-Priest, cerca de Lyon, el mítico camión, del cual solo se fabricaron cuatro ejemplares a partir de 1957.

Se inicia la fabricación
Ese año Paul Berliet había volado sobre el Sahara para hacerse una idea de cómo debería ser el camión proyectado y, para trabajar sobre la idea, envió a los ingenieros de la fábrica hasta el desierto para calcular las especificaciones técnicas de un camión que debía ser capaz de llegar a los lugares más inaccesibles y de circular sobre las dunas transportando cargas útiles de hasta 60 toneladas, con un peso máximo de un centenar de toneladas.

Una vez de regreso en Francia, los ingenieros de Berliet pusieron en marcha el proyecto de “camión gigante” en la fábrica de Berliet en Lyon-Monplaisir sobre la base del mayor neumático de Michelin existente hasta la fecha, de 2,2 metros de diámetro, con un peso de casi una tonelada cada uno, y sobre el motor V12 más grande de Berliet, el MS1240, de 30 litros de cilindrada y 500 CV, aunque los ingenieros franceses se decidirían finalmente por la mecánica V12bi del motor norteamericano Cummins.

EL MOTOR CUMMINS CUBICABA 29,61 LITROS Y GRACIAS A SUS DOS TURBOCOMPRESORES, UNO PARA CADA LÍNEA DE SEIS CILINDROS, ALCANZABA INICIALMENTE UNA POTENCIA DE 600 CV.

El T100 se presentó en París
En octubre de 1957, después de nueve meses de intensos trabajos en la fábrica, el primer prototipo T100 vio la luz. Diseñado en principio para equipar una plataforma simple de carga o un volquete, pero también para utilizar como unidad tractora para acoplarse a semirremolques de hasta 90 toneladas de carga útil, su peso en vacío era de 50 toneladas y la carga útil de 50 t; o sea, una masa total de 100 t. Sus dimensiones: 13,3 metros de largo, 4,96 m de ancho y 4,43 m de altura. El motor diésel Cummins de 12 cilindros en V, de 29,6 litros, tenía una potencia de 600 CV a 1800 rpm. En el desarrollo de la potencia ayudaban dos turbocompresores, uno para cada grupo de seis cilindros; en tanto que la autonomía estaba asegurada con dos depósitos de 950 litros. Para transmitir la potencia contaba con tres ejes motrices, con tracción total en las seis ruedas. La caja de cambios Clark semiautomática tenía cuatro velocidades hacía delante y cuatro hacia atrás con convertidor de par hidráulico. Los frenos eran Messier de discos múltiples en las 6 ruedas y se diseñaron inspirándose en componentes similares a los utilizados en la industria aeronáutica.

Cada una contaba con un gran disco de freno comandado por una central hidráulica. También portaba un motor auxiliar Panhard GM15 de gasolina que se encargaba del control del sistema hidráulico de la dirección asistida y de los frenos en caso de rotura del motor principal. Gracias a ello el radio de giro de este camión gigante era de 13,20 metros. El T100 podía circular a una velocidad máxima de 60 km/h con un consumo sobre las dunas que podía llegar a los 240 litros. El interior, era bastante amplio, con espacio para cinco personas y detalles significativos, como una protección total para que no penetrara el polvo del desierto.

Mantenido en secreto su diseño y su producción hasta ese momento, y después de varios días de viaje, el camión llegó a París escoltado por la policía para ser presentado en el salón del automóvil que se celebraba en la capital francesa. Sin embargo, era demasiado grande para caber en la sala de exposiciones principal, por lo que Berliet construyó un pabellón exterior especial para exhibir el enorme camión, que se convirtió en el protagonista absoluto de la gama “sahariana” de Berliet, recibiendo en diez días un millón de visitantes.

A finales de 1957 el T100 fue sometido a las primeras pruebas en condiciones extremas, lo que permitió corregir algunos defectos e incorporar diversas mejoras en su equipamiento. Después de una nueva presentación en Helsinki, en 1958, partió hacia África para ser expuesto en la Feria de Casablanca, donde fue admirado por el rey de Marruecos.

De vuelta a Francia, los responsables de Berliet decidieron alargar el chasis en 1,80 metros, hasta llegar a los 15,30 m, e incorporar un nuevo motor Cummins de 700 CV (522 kW). Finalmente, después de pasar por el Salón de Frankfurt en octubre de 1958 el primer Berliet T100 fue embarcado rumbo a Argelia, donde antes de entrar en servicio en la base de Ourgla fue expuesto en la inauguración de la planta de Rouiba.

El segundo T100 llega al desierto
El segundo Berliet T100 salió de la cadena de montaje de la fábrica Berliet de Lyon-Monplaisir en 1958 y fue pintado en color arena, pero no disfrutó de la gran fama mediática que había rodeado a su predecesor. Enviado a Hassi Messaoud, el T100 número 2 trabajó igualmente en el transporte de grandes cargas para las prospecciones y explotaciones petrolíferas francesas en el Sahara al servicio de empresas petroleras en el sur de Argelia. Después de una serie de ensayos a partir de enero de 1959 el Berliet T100 realizó diferentes transportes de gran envergadura, como una plataforma de perforación, una bomba de barro de 20 toneladas o una perforadora de 35 t, atravesando las dunas del desierto sin hundirse en la arena más de 10 centímetros en lugares donde un hombre podía hundirse hasta las rodillas y franqueando pendientes de hasta un 26 por ciento. Sus capacidades para pasar dunas de arena le permitieron participar en 1961-62 en la extinción del macroincendio de los pozos de petróleo en Gassi- Touil, aprovisionando a los bomberos con miles de toneladas de barita.

MANTENIDO EN SECRETO SU DISEÑO Y SU PRODUCCIÓN, DESPUÉS DE VARIOS DÍAS DE VIAJE EL T100 LLEGÓ A PARÍS ESCOLTADO POR LA POLICÍA PARA SER PRESENTADO EN EL SALÓN DEL AUTOMÓVIL QUE SE CELEBRABA EN LA CAPITAL.

La cruenta independencia de Argelia fue el hecho histórico que terminó por poner punto final a la gran aventura petrolífera francesa en el país norteafricano. Los dos Berliet T100 pasaron entonces a ser propiedad del nuevo gobierno argelino, hasta que en 1981 la Sociedad Nacional Argelina de Hidrocarburos ofreció a la Fundación Berliet uno de los dos T100 que habían desembarcado en el país en la década de los cincuenta, que hoy conserva como algo emblemático del patrimonio francés.

El otro Berliet T100 se encuentra al parecer en un estado deplorable en la ciudad argelina de Hassi Massoud, expuesto en el exterior de la sede de la empresa argelina de perforaciones ENTP. Sin duda un triste final para un camión que desde su presentación en el Salón de París de 1958 y después en el de Frankfurt de ese año y de 1959 disfrutó de muchos días de gloria y aventuras.

Triste final para este centauro del desierto del que se construyeron en total tres unidades con control normal, con la cabina detrás del eje delantero, y un cuarto fabricado con control adelantado, con el diseño de cabina sobre el motor.

© OP MACHINERY.


Revista Técnica de Maquinaria de Obras públicas, Construcción y Minería, es una publicación de Prima Ediciones S.C. C/Orense, 8 – 1º Oficinas. 28020 Madrid (España)


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