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En el río Colorado, entre los estados de Arizona y Nevada, se levantó hace casi un siglo esta colosal obra de ingeniería.
María José Galván Mostazo
La reciente celebración de la feria de maquinaria Conexpo- Con/Agg en marzo, en la ciudad norteamericana de Las Vegas, nos ha hecho volver la vista atrás para contemplar la soberbia obra de ingeniería que representó –y aún representa– la famosa Presa Hoover, muy visitada porque está a un tiro de piedra de la ciudad del juego y camino del cañón del Colorado. La presa Hoover es una de las obras de ingeniería más colosales del siglo XX, construida entre 1931 y 1936, durante la Gran Depresión de Estados Unidos. Situada en el cañón Negro del río Colorado, en la frontera entre Arizona y Nevada, su construcción fue un desafío técnico sin precedentes que movilizó a miles de obreros en condiciones extremas de calor y riesgo. El proyecto no sólo buscaba domar las destructivas inundaciones del río, sino también proporcionar agua para la agricultura y energía eléctrica barata para el desarrollo del suroeste estadounidense, permitiendo el nacimiento de metrópolis en pleno desierto como Las Vegas o Los Ángeles. El éxito de la presa fue tan rotundo que se terminó dos años antes de lo previsto, convirtiéndose en un símbolo de la capacidad industrial y la recuperación económica de la era de Franklin D. Roosevelt. Dos millones y medio de metros cúbicos de hormigón domeñaron el curso del río Colorado, creando el Lago Mead, el embalse más grande de EE.UU., que transformó radicalmente la ecología y la economía de la región. Hoy en día, aunque sigue siendo una maravilla técnica que atrae a millones de turistas, la presa enfrenta su mayor crisis histórica debido al descenso crítico de sus niveles de agua, lo que ha puesto en jaque el modelo de crecimiento del oeste americano que la propia presa misma ayudó a fomentar.
Construida con la triple finalidad de gestionar el agua del río Colorado para paliar los periódicos desbordamientos e inundaciones, incrementar la producción agrícola a través de la ordenación del regadío y suministrar electricidad a una amplia zona del sudoeste americano, que incluía Los Ángeles, San Bernardino y el Condado de Riverside, en 1928, el Congreso de los EE.UU., a través del Gobierno Federal y bajo la estricta supervisión de la Oficina de Recuperación (Bureau of Reclamation, organismo nacional encargado de supervisar los recursos hídricos), inició el proyecto de la que sería, en aquel momento, la mayor empresa hidrológica del mundo.
Una empresa colosal sólo comparable en el continente americano al monumental Canal de Panamá. Con un presupuesto inicial de 165 millones de dólares, el consorcio formado por seis grandes empresas y la Utah Construction Company a la cabeza, en abril de 1931 comenzó las obras para levantar la presa, simultaneando la construcción de la misma con el asentamiento necesario para los trabajadores y sus familias, que iban a constituir la mano de obra por un salario de entre 4 y 6 dólares diarios. De hecho, lo que en un principio se había contemplado como alojamientos temporales, terminó convirtiéndose en una población urbana con más de 5000 habitantes, una llegada masiva de población que palió el desempleo creado por la crisis de 1929. El terreno, bautizado como Boulder City, llegó a estar equipado con más de 1000 viviendas, oficinas, depósitos, talleres, escuela, cuatro iglesias y un hosuna ciudad más del condado de Clark, a 32 km de Las Vegas.
El arco de gravedad
La presa, ubicada en el Caño Negro del río Colorado, entre los estados de Nevada y Arizona, cuyo diseño se debe principalmente al ingeniero civil John Lucien Savage (1879-1967), se concibió siguiendo el principio del arco de gravedad. Esto es, la cortina no es recta, como en otras construcciones de este tipo; en este caso, presenta la curvatura precisa para evitar que la presión del agua agriete el muro de contención, repartiendo la fuerza a lo largo del arco.
La obra, de enorme complejidad dado el caudal fluvial que la alimentaba, comenzó con el vaciado de un tramo del río, una labor que exigía desviar el curso del mismo a través de cuatro canales laterales horadados en la roca. Esta primera fase duró 18 meses y fue realizada con la tecnología disponible en su momento: básicamente el ingenioso taladro múltiple, con 300 perforadores de aire comprimido, fabricados por la compañía Ingersoll- Rand, primero con motores diésel y posteriormente eléctricos, funcionando al mismo tiempo desde un andamiaje móvil, y la máquina de encofrado expansivo que permitía revestir con hormigón los túneles previamente dinamitados. Las galerías de desviación, de 15 metros de diámetro y unos 1200 m de longitud, comenzaron en mayo de 1932 y en noviembre de ese año entraron en funcionamiento. Por fin, el 6 de junio de 1933 se vertía el primer hormigón en la presa.
LA PRESA HOOVER SE REALIZÓ CON LA TECNOLOGÍA DISPONIBLE EN SU MOMENTO: EL INGENIOSO TALADRO MÚLTIPLE, CON 300 PERFORADORES DE AIRE COMPRIMIDO, FABRICADOS POR LA FIRMA INGERSOLL-RAND.
Encajada entre desfiladeros de roca volcánica, una vez desviado el curso del río, excavado el suelo hasta llegar al lecho rocoso y alisadas las paredes laterales para evitar futuros desprendimientos que pusieran en peligro la estabilidad del conjunto, comenzó la construcción de las ataguías, que, con sus 25 m de altura, permitieron iniciar la cortina.
El trigésimo primer presidente
El muro de la presa, con una altura prevista de 221 m en su punto más elevado, y una anchura de 440 m, está formado por bloques de hormigón. Estas enormes unidades ofrecían la novedad de tener tubos huecos en su interior con el fin de inducir un proceso de refrigeración artificial de la pieza. Dado que el fraguado del material producía una elevación de la temperatura y un aumento del volumen, para que el enfriamiento y la consiguiente retracción se hiciera más rápidamente, los tubos se llenaban de agua en dos fases: una primera con agua enfriada al aire; y la segunda, con agua refrigerada con amoníaco.
Para evitar la presión hidrostática del caudaloso río, se pergeñó el muro con forma arqueada y la parte inferior del mismo que fuera más gruesa que el resto. De igual modo, para evitar que la presión produjese un peligroso desplazamiento vertical de la construcción, se crearon orificios de desagüe laterales.
La presa Hoover se bautizó así en honor al trigésimo primer presidente norteamericano, Herbert Hoover, quien gobernó entre 1929 y 1933. Como Hoover era ingeniero de formación, fue el gran impulsor del proyecto cuando era Secretario de Comercio. Sin embargo, cuando la presa se inauguró, él era muy impopular debido a la Gran Depresión, por lo que sus opositores políticos le quitaron su nombre y la llamaron Presa Boulder. No sería hasta 1947 cuando el Congreso decidió devolverle oficialmente el nombre de Hoover, reconociendo que, más allá de las crisis económicas, la obra fue en gran parte gracias a su visión técnica.
La situación crítica actual
La presa Hoover se inauguró en 1935, dos años antes de la fecha prevista. Un año más tarde entró en funcionamiento la central eléctrica anexa, que gracias a las cuatro torres de toma y a 17 turbinas permite abastecer de electricidad, entre otros centros urbanos, a la ciudad de neón, la luminosa y brillante Las Vegas.
Una vez terminada, en la parte posterior de la presa, se formó un embalse de 640 km², el mayor lago artificial de EE.UU., llamado Lago Mead en honor al ingeniero Elwood Mead (1858-1936), uno de los artífices del proyecto.
La enorme importancia que la presa Hoover representa en la gestión de los recursos hídricos de la zona no debe hacer olvidar el impacto medioambiental que tuvo: desapareció parte de la fauna silvestre, se modificaron los humedales naturales que antes se nutrían con los sedimentos del río, cambió la temperatura del agua y se sumergieron yacimientos arqueológicos de los nativos americanos asentados en la zona, así como de varias comunidades de población. Hoy en día, sus beneficios se ven mermados por la escasez recurrente de agua, una realidad que ha reducido su capacidad en un 27%, mermando la producción eléctrica en casi el 40% original.
EN ABRIL DE 1931 COMENZARON LAS OBRAS PARA LEVANTAR LA PRESA, SIMULTANEANDO LA CONSTRUCCIÓN DE LA MISMA CON EL ASENTAMIENTO NECESARIO PARA LOS TRABAJADORES.
Muchos achacan al cambio climático que esté bajo mínimos, pero, aparte de los periodos de sequía prolongados, no hay que olvidar que cuando se repartió el agua del río hace un siglo –Pacto del Río Colorado, de 1922–, se hizo basándose en unos años que fueron anómalamente lluviosos. Se sobreestimó la cantidad de agua que el río podía dar; es decir, se prometió más agua de la que el río transportaba de forma natural. Además, el crecimiento demográfico desde entonces ha sido brutal. Cuando se construyó la presa, Las Vegas era un pueblo de cuatro casas y California no tenía la agricultura intensiva de hoy. Ahora, el lago Mead abastece a 40 millones de personas y los estados de Arizona, California y Nevada (y parte de México) dependen de él, por lo que se extrae mucha más agua de la que entra, simplemente porque hay demasiada gente y una potente industria agrícola en medio del desierto.
Sea como fuere, la presa es una obra de ingeniería impresionante, uno de los mayores logros del siglo XX, y su diseño se ha mostrado infalible en algunos episodios naturales extremos como el ocurrido en la primavera de 1983, cuando se derritió la nieve de las Montañas Rocosas y el lago Mead subió a niveles peligrosos, obligando a los funcionarios a abrir los vertederos de la presa. Grandes torrentes de agua rugieron a través de los túneles gigantes, chocando contra el Cañón Negro con estruendosa fuerza.
La poderosa liberación creó enormes nubes de niebla y violento spray visible a kilómetros de distancia y sirvió para probar las cualidades de la presa. Consta en su historial que fue un evento hidrológico espectacular y un momento definitorio en la historia moderna de la gestión del agua en los Estados Unidos.
La presa Hoover en España
En España se publicaron noticias de su construcción casi desde el primer momento, siendo la revista mensual iberoamericana Ingeniería y construcción la principal fuente de información para los expertos en la materia. El primer reportaje al respecto fue el artículo que J. L. Savage había publicado en Civil Engineering, en mayo de 1931, que tradujo el ingeniero Carlos Fernández Casado en noviembre de ese mismo año. Es una joya de la historia de la ingeniería, ya que muestra cómo antes de la era de la computación los ingenieros tenían que construir presas en miniatura y someterlas a cargas físicas para asegurarse de que la estructura real no colapsara bajo la presión del río Colorado. La traducción de Fernández Casado fue vital, pues trajo a España estos métodos de ensayo (especialmente el uso de modelos de caucho) que luego se aplicarían en el diseño de nuestras propias grandes presas.
En esta misma línea, Ingeniería y construcción ofreció a sus lectores un completo reportaje sobre el proyecto en curso, ilustrado con fotografías en su ejemplar de diciembre de 1932. Aunque, en realidad, se trata de un informe original de R.G. Skerrett, traducido por el secretario de la revista, Luis López Jamar, sin citar la fuente. En el mes de enero de 1933, la revista sevillana Guadalquivir le dedicó un amplio informe, titulado “La construcción de la presa Hoover en el río Colorado (EE.UU.)”, a cargo del ingeniero de caminos Manuel de Cominges.
En 1935, la citada revista Ingeniería y construcción dedicó sendos artículos. En junio, el titulado “Las instalaciones hidráulicas y mecánicas de la presa Boulder”; en realidad, un extracto traducido por José Sela de los artículos publicados por Kinzie, McClellan y Winter, en Mechanical Engineering. Y en agosto, “La refrigeración del hormigón de la presa Boulder”, el mismo que había aparecido en Engineering News Record, el 11 de octubre de 1934. La última noticia que aparece en la prensa especializada española data de marzo de 1936, cuando Ingeniería y construcción publicó una fotografía de la presa ya concluida.




































