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Actualidad

01 Junio 2026

Watergate a la española

primitivo fajardoEl famoso Caso Watergate fue un escandalazo político que estalló en Estados Unidos en junio de 1972, cuando la pasma detuvo a unos individuos que allanaron las oficinas del Comité Nacional Demócrata en el complejo de edificios Watergate, en Washington. Aunque el caso se presentó como un simple robo, las investigaciones de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, del Washington Post, destaparon una compleja red de espionaje político, sabotaje y financiación ilegal. Todo un entramado de guerra sucia directamente orquestado por el entorno del presidente republicano Richard Nixon para intentar perpetuarse en el poder.

El núcleo del escándalo, aparte del espionaje en sí, fue el intento de encubrimiento llevado a cabo por la propia Casa Blanca, lo que incluyó desvíos de fondos públicos, compra de silencios, obstrucción a la justicia, grabaciones ilegales, etc. La crisis institucional alcanzó su punto crítico cuando se reveló la existencia de un sistema de grabación secreto en el Despacho Oval. Finalmente, ante las evidencias y para evitar ser destituido mediante un juicio político (impeachment), Richard Nixon se vio obligado a dimitir en 1974, convirtiéndose en el primer y único presidente estadounidense –hasta hoy– en renunciar a su cargo.

Ahora, sustituyan ustedes los parámetros americanos por los nuestros hispanos y verán el asombroso parecido que guarda aquello con la situación actual en España –salvo por el final, que aún está pendiente–, con el Gobierno convertido en una mafia para tapar los escándalos de corrupción que tienen contra las cuerdas al Nixoncito ibérico, ese cenutrio inverecundo, inútil, mentiroso y sectario que más temprano que tarde acabará en la trena, pasando antes por las periciales manos del taxidermista del museo de cera; aunque éste no lo va a tener fácil y será un reto tratar con formol esa geta agrietada de hormigón armado que luce el payaso psicópata de la Moncloaca.

Por tratar de destapar todas las fechorías cometidas por este manguta desde el primer minuto de tocar pelo de poder, a la prensa libre, a los investigadores policiales y a los jueces decentes los han atacado ferozmente desde las instituciones por la Cosa Nostra instalada en el Consejo de Ministros. Los hampones de la cúpula del partido socialista, la familia del payaso psicópata y el Bobo solemne han urdido todo un entramado de guerra sucia para saciar su cleptomanía y perpetuarse en el poder.

Desde luego, si el Watergate salió adelante y arrasó con los republicanos de la época fue gracias a la prensa. Igual que está ocurriendo aquí. Con una diferencia que demuestra la distancia entre ambas democracias: la prensa americana en conjunto cerró filas en torno al caso y derribó al gobierno, y en nuestros pagos hay muchos intitulados periodistas que, lástima da decirlo, conocedores de las denuncias de otros periodistas y de la verdad que revelan las pruebas policiales, sabedores de que las noticias son ciertas, se alinean con este miserable Gobierno y se dedican como energúmenos a atacar con saña a sus propios compañeros tachándolos de fascistas y buleros, sólo por el espurio motivo –no es cosa menor– de mantener la faltriquera acorazada por las subvenciones del Gobierno, que bien paga a traidores con el sangrado de los contribuyentes.

HEMOS CREADO UNA DEMOCRACIA DÉBIL Y ASUSTADIZA QUE UNOS IMPRESENTABLES, ENCABEZADOS POR ESTE SER «REPUGNANTIÑO » Y EL PERITO EN NUBES DE LOS JOYONES, SE EMPEÑAN EN VIOLAR SISTEMÁTICAMENTE.

Algún día se estudiará en las facultades de Ciencias de la Información, incluso en las de Políticas y Derecho, cómo hubo un tiempo en el que los ministros y ex presidentes del Gobierno robaban a manos llenas, trincaban comisiones a punta pala, pagaban a sus putas con dinero público y encima las colocaban de funcionarias en organismos oficiales. Y, a pesar de las denuncias de la prensa libre, gracias a la connivencia de la prensa apesebrada y sincronizada desde el poder, no pasaba nada. Un tiempo en que el presidente del Gobierno tenía a 121 imputados en casi una veintena de casos de corrupción –a día de hoy, fin de junio–, entre su familia directa, la cúpula del partido, su guardia pretoriana, etc... y no pasaba nada. Un tiempo en que los españoles, hervidos como la rana, aceptamos la situación con la indolencia del cornudo y apaleado, sin rechistar siquiera ni oponer la mínima resistencia. Un tiempo sin honor, sin dignidad y sin vergüenza en que un presidente corrompido hasta el tuétano era incluso aclamado por el terrorismo internacional.

Una anomalía de este calibre no fue prevista por los padres de la patria y, en consecuencia, hemos creado una democracia débil y asustadiza que unos impresentables, encabezados por este ser repugnantiño –que dicen los gallegos– y el Perito en nubes de los joyones, se empeñan en violar sistemáticamente.

Algo gordo falla en el sistema cuando una caterva de enemigos de España, las garrapatas de siempre, alcanza el poder y se alía con las sabandijas comunistas, independentistas y perroflautas para forrarse hasta las trancas, desmontar la democracia y hacernos la vida imposible a los demás, que no somos capaces de purificar el chiringuito. Hace falta un lanzallamas.

Algo gordo falla en el sistema cuando un gobernante autoritario y corrupto como el que tenemos –su mirada es la encarnación de todo mal sin atisbo de bien alguno– logra perpetuarse en el poder gracias a que sus seguidores pierden la dignidad crítica y actúan por puro fanatismo anteponiendo el odio al rival político a la propia justicia. Cuando los ciudadanos normalizamos el delito de quien ha convertido la impunidad en método de gobierno y celebra su propia degradación moral, cuando profesamos una religión laica donde la lealtad al líder sustituye a la ética y la verdad, estamos destruyendo los principios morales del país desde dentro y permitiendo que el abuso de poder y el robo se conviertan en un sistema aclamado por la propia sociedad.


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