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Actualidad

01 Septiembre 2026

Cosas que pasan

primitivo fajardoAl payaso psicópata que usurpa la presidencia del Gobierno, cualquier galeno especialista en lobotomizados le diagnosticaría que está como una chota. Y un funcionario de justicia, que por alta traición habría que aherrojarle bajo siete llaves en una mazmorra en la Cochinchina, y luego tirar la mitad más una a la fosa de las Marianas (11034 metros de profundidad) y la otra mitad estibarla en una sonda espacial a Plutón (4800 millones de kilómetros de distancia).

Porque no es ni medio normal lo que hace este sinvergüenza, que está consiguiendo que cada día haya más gente a la que le guste la fruta –el hit del verano–. Pues, digo yo que si tiene infectada su masa encefálica de grumos fecales y necesita ayuda profesional, que la pida. Los demás no tenemos porqué pagar el pato de sus patologías ni de sus patochadas. Está el país patas arriba por su negligencia, cobardía y mala praxis, abrasados sus cuatro costados por los incendios e invadido el flanco sur por una harka de casi cien mil moros enviados por Mujamé a Ceuta para montar un gran estallido social... y lo único que se le ocurre al vivales es darle las gracias al rey alauí y pirarse de vacaciones a parapetarse en un palacio del patrimonio nacional perimetrado por la guardia civil. Y aconsejar en tiktok una playlist con sus horteradas favoritas y una ristra de libros basura –que ni ha leído– para que los gilís de su cuerda se cautericen la hemorroide mental. Eso es lo que todos esperamos de un gobernante lerdo y marrullero, que nos instruya. Al patético neroncito le ha faltado coronarse el laurel y darle a la cítara mientras España ardía y se colaban como Perico por su casa en territorio nacional miríadas de inmigrantes causando a nuestros paisanos del valiente pueblo ceutí un auténtico infierno. Yaesquetecagaslorito, que diría mi padre de estar vivo.

¿Por dónde tendrá cogido el sátrapa más rico de África –8000 millones de patrimonio personal– al gallina de Paiporta para que éste le rinda tanta pleitesía y le aplauda cada vez que nos toca los pelendengues? Encima, ante la inacción del Gobierno y conscientes de que el traidor no iba a mover un dedo por ellos –ni por los inmigrantes–, los caballas estallan en las calles –cuando perpetraba seguir su asueto a hurtadillas en Andorra y tuvo que abortar porque le pillaron–, y lo que hace es trocar invasión por crisis humanitaria para polarizar y aumentar el caos, como hace siempre, llamando xenófobos a los invadidos. Otra cortina de humo para eludir responsabilidades y que no se hable de los delincuentes de su familia, del ladrón de joyas y de su banda imputada.

SUFRIMOS UN GOBIERNO INÚTIL, CLEPTÓMANO Y MENTIROSO, AHÍTO DE NEGLIGENTES Y TARADOS INCAPACES DE HACER NADA, PERO EXPERTOS EN ESCURRIR EL BULTO.

El desnortado perito en saunas está arropado por una guardia pretoriana de ministrillos gañanes a cual más lanar, faltos de vacunar contra la burricie, como el de Interior –“son cosas que pasan”, dijo tras el ataque a la soberanía nacional, y “la inseguridad es subjetiva”–. O el australopiteco de Transportes, que tiene el cerebelo de sílex aun por tallar y cuando se rasca el escroto expele una estulticia. Como ante el serio problema del asalto ceutí, que va el jumento y rebuzna en tuíter una melonada. Tiene destrozadas las infraestructuras y a sus espaldas los 47 muertos de Adamuz, pero sólo aulla invectivas e imprecaciones y se aporrea el pecho cuando alguien, harto de tanta miseria gubernamental, le canta la canción del verano a su amo. Este es el mendrugo que al día siguiente de la invasión dijo que su amo había resuelto la crisis. El energúmeno que se postula a suplir a su amo en el Gobierno.

El Consejo de Ministros es una partida de gánsteres cuya misión es lamer las botas de un hampón ridículo e inmoral a cambio de que les acaricie el lomo con unas prebendas de escándalo. Sufrimos un gobierno inútil, cleptómano y mentiroso, ahíto de negligentes y tarados incapaces de hacer nada, pero expertos en escurrir el bulto echando la culpa de los incendios, las danas, las erupciones, los terremotos, las pandemias y las invasiones a Franco, Elon Musk, Putin, Ayuso y Felipe VI, a Pascual Duarte y al coronel Buendía, a la capa de ozono y al cambio climático; un gobierno mafioso conjurado contra sus propios gobernados que sólo busca mantenerse en el poder porque, ante el oprobio, la única salida para el chulángano y sus doctrinos es la mazmorra de la lejana Cochinchina.

Lo mismo me dijo con afilado verbo un amigo comandante del Ejército con estudios superiores de defensa: “Cuando los mecanismos de poder abandonan la lógica del servicio público y de la permanencia institucional para adoptar la lógica de la supervivencia de grupo, el patrimonio común se transforma inevitablemente en botín de guerra. En una partidocracia hipertrofiada, la lealtad interna sustituye al mérito, y la opacidad se convierte en un requisito operativo clave para mantener las redes de clientelismo que sostienen el aparato en la cúspide”.

Según su criterio, el problema más grave no es el desvío de fondos o el tráfico de influencias, sino “la captura orgánica de las instituciones de control, diseñadas originalmente para fiscalizar el poder y hoy colonizadas por éste”. Insistió en que la degradación más profunda de este Gobierno no es la económica, sino la moral. “Al debilitar las estructuras del Estado desde dentro, se diluye la autoridad legítima y se quiebra la confianza que cohesiona a la comunidad nacional. Un Estado cuyas instituciones se perciben como herramientas de enriquecimiento pierde su capacidad de tracción, soberanía y defensa frente a desafíos internos y externos”. Y la guinda: “La fortaleza de una nación no reside en la retórica de sus gobernantes, sino en la integridad innegociable de sus estructuras, de toda su arquitectura institucional”.

Pero, los estabulados del psicópata dirán, vehementes y transidos de indignación, que eso es un bulo y tú un facha peligroso. Para ellos, que el miserable se escarranche ante Mujamé, los indepes, los etarras y los perroflautas... son cosas que pasan.


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