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Países Vecinos.

José María Pozas La entrega de unos premios internacionales ha reunido en Madrid hace unas semanas, en lo que viene a ser la decimosexta vez que se encuentran, al presidente de la República Portuguesa con los Reyes de España. Esto ha sido aprovechado por la prensa para resaltar la bondad de las relaciones entre los representantes de ambas instituciones, sin excluir a la Reina. Estas relaciones se han cimentado a través de las ocasiones en que han podido estar juntos, se supone que debido al carácter abierto y llano de Marcelo Rebelo de Sousa –que así se llama el Presidente portugués–, su fama de buen conversador, su extensa cultura y su gran formación; no en vano es el personaje político más popular en su país. Y se señala que dichas buenas relaciones se han desarrollado a pesar de la diferencia de edad entre unos y el otro. Relación, como se dice más arriba, que no excluye a la Reina, con la que el presidente portugués ha congeniado extraordinariamente, dadas las varias aficiones que les unen.

Los portugueses tienen un refrán sobre el vecino peninsular: De Espanha, ni bon vento ni bon casamento, que no precisa traducción, y también sabemos que solo se puede odiar, despreciar, temer, al vecino. Nadie se enfada con alguien que esté lejos, a quien no se conozca. Y Portugal y España tienen siglos de historia común, tantos siglos como historia propia. Y hasta han compartido estado. Pero imaginemos por un momento cómo hubiera sido la evolución histórica de la península –sobre todo desde una óptica no sumisa al centralismo peninsular– si Felipe II, en vez de trasladar la corte a Madrid (ese poblachón manchego, que dijo Umbral) hubiera esperado unos años y la hubiera llevado a Lisboa. Una capital, Barcelona, para el Mediterráneo, y la nueva, Lisboa, abierta al Atlántico, a América, a Europa, a todos los vientos; si se hubiera constituido entonces un estado multinacional, como España es hoy, quizás los portugueses no hubieran sentido la necesidad de sacudirse el yugo español.

¡Quién sabe! En todo caso, ha habido en ocasiones voces portuguesas en favor de una más íntima relación con España; la última, que yo sepa, la de José Saramago, el gran escritor y Premio Nobel de Literatura, que abogaba por la constitución de un único estado ibérico. En cualquier caso, la pertenencia de ambos países al espacio común europeo no ha hecho sino acrecentar las relaciones entre España y Portugal, empezando por las económicas, aunque, a veces, haya dado la sensación de que hemos llegado allí avasallando, como llega un vecino nuevo rico.

Pero me gusta pensar en ello. Admiro –creo que se nota– a Portugal, que en múltiples aspectos tiene mucho que enseñarnos. Me gusta su historia, pensar cómo un pueblo tan reducido fue capaz de surcar los océanos en todas los vientos y abrirse a los tres continentes ajenos, discutiendo la supremacía española en la nueva América. Y tras la Revolución de los Claveles, encarar una nueva etapa que incluyó la asimilación de más de medio millón de retornados de Angola y Mozambique al producirse la independencia de esas colonias, un hecho que si bien se piensa no era baladí, ya que la mayoría de estos retornados eran étnicamente portugueses, pero africanos de tercera o cuarta generación. Comparado con el caso español, con nuestra tan cacareada transición, si miráramos un poco hacia el vecino concluiríamos que ellos sí que hicieron una gran transición, despojándose del viejo régimen y creando de la nada un nuevo estado democrático, sin reminiscencia alguna del anterior, no como pasó aquí, donde tantos efectos perniciosos se mantienen en el tiempo, como podemos observar hoy mismo con el enojoso asunto del valle de los caídos. Y todo ello sin sangre y convirtiéndose en un país serio, trabajador y ordenado.

Y quizás hoy, en vez de monarquía, tendríamos un presidente de la República como Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa

José María Pozas | Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Revista Técnica de Maquinaria de Obras públicas, Construcción y Minería, es una publicación de Prima Ediciones S.C. C/Orense, 8 – 1º Oficinas. 28020 Madrid (España)


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